Érase que se era

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Érase una vez una niña que nació princesa con futuro de reina.
Érase una vez una niña que nació princesa con futuro.
Érase una vez una niña que nació princesa.
Érase una vez una niña que nació.
Érase una vez una niña.
Érase una vez.
Érase.
FIN.

Poderoso caballero y otras reflexiones para no abdicar

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Definitivamente el dinero está por encima de todo.
Así se explican ciertas decisiones “democráticas” a las que hemos asistido, persistido y desistido en los últimos tiempos:
Gobiernos corruptos, aplaudidos y vitoreados.
Presidentes xenófobos, misóginos, homofóbicos y mal peinados.
Seres mal educados, antipáticos y groseros y, con tan mal gusto que no saben combinar la corbata con la cremallera de la bragueta.
Seres ínfimos, insensibles y despreciables.
Seres que dominan el mundo.
¿Quién les vota?
El dinero está por encima de todo y de todos.
Como diría el maestro Galeano:

Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas.

Pero también en el siglo XVII el maestro Quevedo se refería a lo mismo.

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
….
Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿Hemos entrado en un bucle monetario del que no podemos salir?
¿En una democracia fingida tan cómoda como antipática?
¿En una decadencia tan evidente que ya no queremos ni reconocerla?

El tiempo de ser inmortales

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María Salud, tendremos nuestro café cualquier día de estos.
Feliz viaje amiga.
Paco, amigo, gracias por tu generosidad, mi corazón está contigo.
Y también para María y María José, amigas siempre.
Os quiero.

Hay épocas en las que pensamos que no somos perecederos, vencibles y prescindibles.
Perfectas piezas de un puzzle universal en el que todo es lo que parece y nada desaparece frente a ese todo.
Somos la luz perfecta frente al ocaso germinal del mundo,
la llave exacta que descerraja los misterios
o la fórmula precisa en los matraces del futuro.

Es el tiempo de ser inmortales.
Es el tiempo de vivir y ser vivido.

Más tarde, que siempre es pronto, te das cuenta que no somos inmortales, invencibles e imprescindibles, del mismo modo que, también, somos imborrables.

Gracias por ser y permanecer.

No hay dos sin tres, y a ti te encontré en el parlamento

No hay dos sin tres

Me encanta la sabiduría popular.
Los refranes, las frases hechas, las explosiones de gramática descreída, las patadas al diccionario con la beatitud de los inocentes, y los sortilegios desbocados en las plazas de los pueblos, en los que siguen ardiendo brujas-diosas en honor a la Madre Naturaleza, siempre tan impúdica, tan desnuda.

Me encanta re-inventarme en las voces arcanas de mis muertos.
Los que murieron de enfermedad,
los que murieron sin quererlo,
los que pensaban demasiado
o los que, sin pensarlo, se encontraron con una bala entre las cejas.

Me encanta vivir en estos tiempos tempestuosamente activos.
Por fin la magnánima comedia ha llegado al parlamento.
No hay dos sin tres.

Sigamos.

Estoy feliz

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Existen días dorados y días grises.
Lágrimas desalentadas y lágrimas de alegría.
Copas pletóricas y copas vacías.

Existe el amanecer y el ocaso.
La vida y la muerte.
La voz y el silencio.
Existe la tierra y el cielo.
Y también existe la mediocridad.
(Menos mal que todos a los que amo, y me aman, se han salvado de esta pandemia)

Os quiero.
Va por vosotros.
El resto es pura especulación por el mero aburrimiento de vivir.

Cuando la imaginación se convierte en modo de vida

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Todo el mundo dice aquello de “lucha por tus sueños y lo vas a conseguir todo”.
Y cuando no les quedan argumentos, entonces, te emplazan para la otra vida.
“Dios te espera”, “Jehová te espía”, “El Gran Hermano se emite los jueves”.
Compartimos en Facebook frases bonitas, alentadoras, imágenes de amaneceres bucólicos en playas que ya no existen y con frases de filósofos que se murieron de aburrimiento al no ser escuchados nunca, y junto a fotos con caras que nos les pertenecen.
Estamos en los huesos del pensamiento.
Hemos muerto, también, de puro aburrimiento.
Disney y sus princesas, y también Dios y sus santos, han confundido la vida de mil generaciones.
Es mentira que Mary Poppins tenga un bolso mágico que ponga orden a las habitaciones caóticas.
Es mentira que Moisés, con un palo, separe las aguas de un mar, por muy rojo que sea.
Es mentira que los sapos se conviertan en príncipes, por mucho que los beses.
Es mentira que las dos sardinas se conviertan en un kilo ni que el pan se multiplique hoy.
Es mentira que los ratones hablen y a las sirenas les salgan piernas.
Y también es mentira que a las brujas nos sale siempre una verruga peluda en toda la cara.
Y, a pesar de todo…
bendita imaginación: salvavidas perfecto para evitar nuestra propia responsabilidad.

Yo no quiero llamarme como me llamo…Alberto Cortez

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Yo no quiero llamarme
como me llamo…
yo quiero que me llamen
fábrica, campo,
pueblo del sur, amigo,
sudor, trabajo,
camino de herradura,
jornal y Sancho.

Marisma, salinero,
candil de barco,
molino de La Mancha,
viento campeado,
pan áspero y moreno,
duelo y quebranto,
que no quiero llamarme
como me llamo.

Yo quiero que me llamen
buen hortelano,
palomar y colmena,
pozo y establo,
pescador de bajura,
cosecha y hato,
palmera de Levante,
mina y arado.
Como quieran,
Como quieran
llámenme como quieran
,
propios y extraños,
pero no por mi nombre,
pero sí por mi canto,
por las cosas que siento,
por las cosas que amo,
que no quiero llamarme
como me llamo.

Yo quiero que me llamen,
perro sin amo,
tierra no redimida,
vino barato,
herrero, campesino
de cal y canto
que no quiero llamarme
como me llamo.
Yo no quiero llamarme
como me llamo…
Yo no quiero llamarme
como me llamo…

Llegan nuevos tiempos

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Llegan nuevos tiempos.
Estamos viviendo unos días de absoluto, excitante y lírico vacío de poder.
Y me encanta.
Es como cuando yo me voy de casa tres días y mi hogar se queda a merced del desorden y la pereza,
de la libertad y la anarquía,
del chocolate a espuertas,
de las pizzas rebosantes de calorías,
de los calcetines del revés y la lavadora lánguida con el suavizante a medio perfumar.
Cuando llego, sigue viva, esperándome con el corazón palpitante de esperanza.
Es así.
Pensar que somos inmortales y necesarios es la peor tontería que pueda imaginar el ser humano.
Todos somos prescindibles.
Afortunadamente.
Y por eso estoy contenta.
España sigue en marcha, como diría el buen poeta.
A pesar del fútbol, de los toros, de las tonadilleras encarceladas, de las caras al sol en las playas de Benidorm.
A pesar de las pataletas antiguas de los que se creían dueños del cortijo gubernamental.
España sigue en pie, y alerta.
España respira y habla.
España tiene voz y se manifiesta.
Estamos vivos.
Somos seres mortales, imperfectos y perecederos.
Somos ese segundo que se vuelve eterno en el inmenso suspiro de una ruta fugazmente magnánima.
Somos el clarividente ocaso que muestra la escuálida luz de una lluvia ingenua a través de los cristales de una historia siempre en movimiento.
Somos la voz.
Somos la palabra.
Somos el futuro.
Porque nuestra voz transciende más allá de este vergonzoso silencio que nos habita.
España se mueve, entiende y perdona.
Pero no olvida.

Nos molesta la vida

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Nos molesta la vida.

Sólo tienes que encender la televisión, dejarte deslizar por la página de un periódico, mimetizarte o abrir la puerta de tu casa hacia la calle. Sólo tienes que dejar de mirarte el ombligo para descubrir que la vida fluye a tu alrededor. Esa vida molesta, díscola, despiadada o mística; esa vida infinita que se enreda, a bocados intensos, sobre una humanidad que camina hacia las insondables fosas de un destino incierto.

Nos molesta la vida.

Opciones políticas para todos los gustos, conciencias y bolsillos. Palabras rimadas, versos huecos o pellizcos de alma. Cadáveres infinitos hilados en el recuerdo imperecedero de un instante. Voces que quedarán impresas en los muros etéreos de una Red tan maquiavélica como sacrosanta. Pero no es suficiente.

Nos molesta la vida.

Nos angustian los cambios, nos agobian los distintos, desconfiamos de lo desconocido. No queremos que nuestra mano izquierda sepa lo que hace la derecha (lo dice la Biblia). Preferimos seguir siendo el único habitante de un gigantesco ombligo, el Narciso primigenio de una egolatría enquistada en la memoria. Nos asusta el olvido.

Nos molesta la vida.

Odiamos el latido, la esperanza, la luz y el misterio. No queremos lanzarnos al vacío de la lluvia y odiamos los trapecios sobre el fondo indeciso de una red sin aristas. Nos sobra el pulmón del oxígeno, somos entes vacíos de riesgo que buscan el orto ineficaz del silencio.

Nos molesta la vida.

Hemos llegado al fondo.

Me dijo que me llevaría al cielo

el cielo
Me dijo que me llevaría al cielo.
Y dijo verdad.
Aquí estoy.
No puedo reprocharle nada.
Cumplió con su palabra.
Salvo por las magulladuras, el orgullo perdido y dos costillas rotas,
por fin estoy en paz.
He llegado a la cima de la desolación.
Hay heridas que no se pueden borrar ni siquiera con la muerte.
Sólo lo siento por aquellos hijos que nunca tuve
y se perdieron entre los golpes de un amor incierto.
Me dijo que me llevaría al cielo.
Pero nunca al cielo de los muertos.